LA ELECCION DE LA RAZA

Es casi siempre una decisión difícil, supuesta la aceptación de todos los inconvenientes y cambios que en nuestra vida puede suponer la adopción de un perro y dependiendo de que ya hallamos tenido la compañía de estos animales o seamos novatos en la materia, se nos presenta una opción importante que podrá hacer variar el éxito o fracaso en las relaciones con el futuro miembro irracional de la familia.


El desembolso inicial que habremos de realizar para comprar el ejemplar de buena constitución, aspecto sano e inmejorable pedigrí nos será muy diferente en función de la raza. Sin embargo, este precio lógicamente creciente en base a la calidad del animalito, repartido entre los 15 años de vida probable no nos resultara tan exorbitante. La ganga o el cachorro ofrecido por un bajo precio no será, en la mayoría de los casos, un ejemplar perfecto de pura raza, con inscripción en los correspondientes registros de las sociedades ginecológicas oficiales, sin hablar de supuestas enfermedades genéticas o casuales por falta de atención del supuesto ”criador”.No obstante, ya decididos a realizar un gasto que pueda parecer ocasionalmente elevado y superfluo, hemos de meditar muy despacio la raza del perro que vayamos a integrar en nuestro círculo vital. Las preferencias estéticas siempre decisorias en la mayoría de los casos, especialmente en los dueños primerizos, suelen demostrarse malas consejeras.


Malamente podremos compenetrarnos con un animal de gran porte (mas de 50 kilos y de una raza creada para seguridad y defensa), por muy bello que nos parezca si deseamos un animal tranquilo, de compañía que pueda vivir sin salir de un pequeño departamento, como tampoco adiestrar para defensa de nuestros bienes a un animalito de 2 kilos. Tampoco seria lógico en pensar en ese animal de gran porte, adiestrado para defensa y custodia como compañero de juegos de un niño o compañía de una persona mayor, aunque represente el tipo de ideal de perro que siempre hemos soñado.


ESPACIO Y EJERCICIO, FACTORES LIMITANTES


Algo que se olvida con suma frecuencia en las consideraciones previas a la compra del cachorro es que el tamaño de nuestro perro será muy diferente de acuerdo a la raza elegida. Tenemos que pensar en el espacio definitivo que podremos ofrecer al perro adulto. Un perro de gran porte o de genio vivo no puede materialmente adaptarse a un departamento de una ciudad sin ocasionar molestias a sus amos y vecinos ni perjudicar la propia salud del animal.


Pero no solamente el espacio de la casa cuenta, es preciso asimismo, tener en cuenta la necesidad de espacio libre que requiera el ejercicio mínimo a realizar por cada raza. Tal como si decidiéramos tener una pecera en nuestra casa, el factor limitante en la cantidad de peces y su tamaño es función del volumen que tiene dicha pecera (su cantidad de litros de agua). A nadie se le ocurriría tener un pez de gran tamaño en una pecera que no correspondiera ya que esto influiría en la conducta y en la salud del pez.


Es por eso que nosotros, como criadores, sugerimos a los futuros propietarios de una mascota que, antes de efectuar la compra de cualquier cachorro, realicen un análisis de las razas de su preferencia pero sin olvidar que cualquiera de ellas tiene un mínimo de requerimientos y características propias. Es muy común conocer casos de propietarios de mascotas que las han elegido por impulso, sin analizar las necesidades de la raza y pasado cierto tiempo buscan desprenderse de ellas por las molestias que les ocasionan.


Debemos pensar que un perro puede acompañar nuestra vida por un tiempo aproximado (mínimo) de diez años, si elegimos la mascota adecuada y su aprendizaje fue bien realizado su compañía será maravillosa y todos los integrantes de la familia (mascota incluida) disfrutarán de la relación. De no ser el animal adecuado y/o de haberle dado una mala educación, al poco tiempo la relación será intolerable y no tendremos el placer de compartir nuestra casa con el, y el sin culpa sigue todo como un juego.